Comentarios a la obra Filosofia de la cultura* de Manuel Ocampo

La Obra del Doctor Manuel Ocampo Ponce, intenta despertar en los lectores el interés por un análisis a conciencia, sobre la actuación del sistema educativo adoptado por las autoridades de nuestro país, dado que en concordancia con algunas de sus ideas, no contamos actualmente, y no encuentro referencia histórica de que se haya contado, con una ideología y filosofía propia para el desarrollo de un sistema educativo adecuado a la cultura y necesidades de la sociedad mexicana.
El planteamiento fundamental de la obra, según logro entender, es confrontar los diversos modos de concebir la educación, desde las perspectivas de las distintas corrientes filosóficas, frente a una filosofía digamos realista. ¿Por qué enfocar su interés en la educación o el sistema educativo?, porque es entendible que a través de una buena educación es posible acceder a una buena cultura, es decir, se pueden dar las condiciones para un adecuado desarrollo de personas cultas.

Las deficiencias en nuestro sistema educativo, no se dan propiamente en la infraestructura, que si bien es cierto no es suficiente, no es condición determinante para que la formación sea de mala calidad. Considero que a lo más, nuestro actual sistema, solo propicia conocimientos adiestradores, orientados en su mayoría a desarrollar tecnología, y el desarrollo de las ciencias particulares, haciendo abruptamente a un lado, aquel conocimiento humanizante que permita al hombre orientar su formación y sus acciones derivadas de este, a la consecución de su fin último.

Aristóteles sostenía que al hombre le es de vital importancia el aprender, puesto que en ello le va su supervivencia en lo individual, pero yo agregaría, que al hombre una vez que aprende le es imperioso el enseñar, puesto que en ello va la preservación de nuestra especie; de aquí podemos deducir lo relevante que resulta el tema del conocimiento y la educación en la sociedad de todos los tiempos.

El problema que veo en el planteamiento del Doctor Ocampo, es que se va al efecto directo sobre la educación superior como es el caso de la educación que se imparte en las universidades y hace prácticamente a un lado la educación inicial de la persona en las etapas primeras, desde la casa hasta la preparatoria; sobre todo que es en la casa donde se dan los primeros acercamientos entre la facultad de conocer y la realidad, siendo de vital importancia lo que se inculque a la persona en está etapa de la vida, sobre todo en el ámbito de la formación. Sin embargo, a favor de ello, hemos de decir que partiendo de la hipótesis, de que la persona que accede a una educación universitaria nos hace suponer que es alguien que ha desarrollado una metodología y un sistema apropiado para realizar un estudio científico de su entorno, es aceptable el punto de partida del análisis realizado.

El autor destaca el papel tan importante que tiene la Universidad en la orientación y la promoción de la cultura y la búsqueda por parte del hombre contemporáneo de una respuesta consciente que remedie el deterioro de los valores que dan sustento a la cultura.

Cada quien defendemos a ultranza una verdad, pero no la verdad como tal, defendemos nuestra verdad, nuestra realidad pero no la verdad en si misma, siendo que el papel de la universidad es el de enseñar a aprender y al mismo tiempo enseñar a pensar, se abandona el camino del razonamiento y se toma el de la permisividad, para dejar que cada uno adopte la verdad que le resulte más útil para la vida profesional, lejos de todo principio o valor que sea marcado por la ética y la moral, convirtiendo a los educandos en mercenarios de la tecnología y el capital. En esta parte coincido por experiencia propia con lo señalado por el autor.

Sin embargo, considero que uno de los puntos de rechazo de la propuesta presentada por el Doctor Ocampo, sería su basamento cristiano en el tratamiento de estas cuestiones, puesto que se requiere penetrar desde otro frente en el pensamiento universitario, actualmente contrapunteado con todo aquello que suene a filosofía tradicional, a realismo, sea este moderado o de cualquiera de sus modalidades.

Los efectos del positivismo, del modernismo, del pragmatismo y demás corrientes con tendencia inmanentista, dentro de nuestra cultura, y sobre todo en Latinoamérica, dificultan en gran medida la aceptación de las propuestas presentadas en esta obra, dado que, aun cuando no se tengan puntos de refutación consistentes, se rechazan de manera sistemática, por el simple hecho de considerarlos de tinte cristiano, alejados de la creencia de que la laicidad de la educación es el modo perfecto de educar, teniendo por oscuro todo aquello que tenga que ver con la dimensión espiritual de la persona.

Es por tanto necesario dejar en claro que el papel de la universidad o su objetivo principal es lo académico, que es a su vez lo teórico, es lo más opuesto a lo útil y pragmático, debe privilegiar el saber filosófico cuyo objeto es el ser, es la ciencia que tiene el objeto más universal y por lo mismo es capaz de integrar la diversidad de saberes en una unidad, que desde el sentido etimológico del término Universidad exige dicha unidad en la diversidad.

Si no tenemos comunicación de la verdad, aun cuando se tenga el campus, los edificios y un organigrama bien definido, así como planes de estudio excelentes no tendremos universidad, y al mismo tiempo no tendremos esa necesaria comunicación de la verdad.

Por tanto, considero que antes de pensar en crear o participar activamente en la cátedra universitaria, debemos analizar cual es el compromiso que tenemos con la verdad, alejados de todo sentido utilitario y monetario, anteponiendo los intereses propios a una real comunicación de la verdad, puesto que está trasciende a lo universitario, en contraposición a lo que sostienen las propuestas constructivistas que marcan nuestro sistema educativo actual.

El culmen de la educación doméstica, de la formación primaria, de la formación intelectual de los ciudadanos, tiene como punto de medida o marco de referencia, el desarrollo y prestigio de la formación académica universitaria, por tanto, si esta formación universitaria se orienta a la contemplación de la verdad es altamente posible que de por resultado una cultura propia cuyo efecto sea la libertad que asume y se somete a las normas que la inteligencia descubre. Es ineludible para una universidad así orientada, la obligación a la reflexión sobre su función social, ya que su existencia supone la obligatoriedad de ser el origen superior de la cultura de una nación con la misión de investigar la verdad, de proyectar el orden y la organización de la vida humana, individual y social en todos sus aspectos.

Concluyo, el planteamiento realizado por el autor es sumamente interesante y sobre todo realista, quizás sea este realismo, el que impida una efectiva penetración en esta sociedad tan dada a lo fácil, sin que por ello afirme que no son acertados los juicios por él vertidos, pero considero que la difusión de estas ideas debe darse en los diversos campos que implica la educación de la persona, el problema estiba en saber acercarlos a cada uno de los actores.

Es menester el desarrollo de una inteligencia de acuerdo a como lo decía Aristóteles: “La inteligencia consiste no sólo en el conocimiento, sino también en la destreza de aplicar los conocimientos en la práctica”, creo que ese es el reto que tenemos enfrente.

* Ocampo Manuel, Filosofía de la cultura, EDICEP, 2005.



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