Desarmar el lenguaje. Por Jaime Nubiola


Por Jaime Nubiola


El pasado 12 de mayo, el papa León XIV despedía a los periodistas reunidos en el Vaticano con motivo de su elección, agradeciéndoles su trabajo en aquellos intensos días. En su discurso les decía a los profesionales de la comunicación: «Desarmemos las palabras y contribuiremos a desarmar la tierra. Una comunicación desarmada y desarmante nos permite compartir una mirada distinta sobre el mundo y actuar de modo coherente con nuestra dignidad humana».


Me pareció una expresión feliz la de «desarmar las palabras». Traía a mi memoria el título de aquel poema de Gabriel Celaya «La poesía es un arma cargada de futuro», pero sobre todo ponía brillantemente de manifiesto que el lenguaje es el medio decisivo para la construcción de una nueva civilización del amor.


En su reciente mensaje del 5 de febrero para la Cuaresma de este año, León XIV ha vuelto a emplear esa luminosa expresión «desarmar el lenguaje». Me parece que vale la pena copiar íntegro ese párrafo:


«Me gustaría invitarles a una forma de abstinencia muy concreta y a menudo poco apreciada, es decir, la de abstenerse de utilizar palabras que afectan y lastiman a nuestro prójimo. Empecemos a desarmar el lenguaje, renunciando a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a hablar mal de quienes están ausentes y no pueden defenderse, a las calumnias. Esforcémonos, en cambio, por aprender a medir las palabras y a cultivar la amabilidad: en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos, en los medios de comunicación y en las comunidades cristianas. Entonces, muchas palabras de odio darán paso a palabras de esperanza y paz».


¡Qué hermoso horizonte! Al menos así querría que fuesen siempre mis palabras: que, sin agresividad ninguna, invitaran a pensar y que a la vez regalasen paz y esperanza a los corazones.

Notas

Fuente: Jaime Nubiola

4 de marzo de 2026. ESPAÑA

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