Esa otra filosofía

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Es cierto que definiciones como esta que entrega la RAE (Real Academia de la lengua Española) no ayudan a esfuerzo alguno por concretar el sentido y la eventual utilidad de la filosofía. Se trata, dice la Academia, de “la fortaleza o serenidad de ánimo para soportar las vicisitudes de la vida”. Así, reconozcamos, no extraña ese lugar común que denuncia su lejanía con la realidad de las personas.

Impulsado por eso, hace ya algunos años que Lou Marinoff, un filósofo canadiense de la New York City College University, se ha propuesto darles un sentido de utilidad a esas palabras. Un esfuerzo que se tradujo en la publicación en 1999 de uno de los libros más vendidos ese año en el mundo, Más Platón y menos Prozac. En sus páginas apuesta por la enseñanza del pensamiento filosófico como método para superar la depresión existencial, como aquella que produce la angustia, la amargura o, en general, toda pérdida de luces y sentidos vitales. Sus propuestas, con el tiempo, han llegado un poco más allá que a las librerías. Por ejemplo, en Brasil, país que visitará en los próximos días para participar en la Bienal Internacional del Libro, este método ya está siendo utilizado en centros universitarios, clínicas y hospitales, lugares donde lentamente este gimnasio de la estructura mental comienza a sustituir a la psicoterapia, destacó recientemente el diario brasileño O Estado de Sao Paulo.
Claro que mucho antes de Marinoff, Ortega y Gasset ya lo había gritado: “El hombre necesita absolutamente de la filosofía para vivir, ya que vivir es saber comprender”. (JRG)

LaTercera / Opinión



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