La vision greco-romana de la ley natural

Hay una Ley natural anterior a las leyes positivas, dictadas por el legislador humano. Tal es la tesis defendida por Antígona, que quiere enterrar piadosamente a su hermano Polinice, en contra de la orden del tirano Creonte. Antífona apela -a las leyes no escritas e inmutables de los dioses-, tal como aparece en la tragedia de Sófocles. Pero esto no es un episodio aislado, sino que corresponde a una entera concepción cultural, como una manifestación paradigmática.
Platón (Gorgias, 483c-484b) y Aristóteles distinguen entre las leyes que tienen origen en una simple convención humana y aquellas otras que son válidas por naturaleza. Entendían por ésta la naturaleza humana racional, no la mera naturaleza física, cuya dinámica sería la prevalencia del egoísmo del más fuerte, como afirmaba alguno de lo sofistas. La justicia es un imperativo racional que no depende de los intereses y de las pasiones humanas.


Estos autores no oponen el orden natural a las leyes positivas de la ciudad, del cual orden son una concreción, más o menos lograda. Hay un orden justo por naturaleza, que no debe ser contravenido, sino cuidadosamente acogido por el legislador humano (cf. COMISIÓN TEOLÓGICA INTERNACIONAL, junio de 2009: En busca de una Ética universal: un nuevo modo de ver la Ley natural, nn. 18-21).


Para Platón la ley natural se ofrece como una norma ideal que fundamenta y confiere valor a las leyes humanas. Esta son participaciones de una justicia eterna y universal. El relativismo destruye la moral (Teeteto, 172a-b).

Para Aristóteles la regla suprema del bien y de la virtud es actuar conforme a lo que requiere la naturaleza humana. Es moralmente bueno lo que se ajusta al orden de la naturaleza en el hombre (Retórica, I, XIII, 2). Así como el orden natural es inmutable, el derecho positivo cambia en los diversos pueblos y culturas. Pero el orden natural no debe estar divorciado del derecho positivo, sino que aquél debe ser el modelo y éste su realización, en la variedad y múltiples contingencias de la vida social en la polis (Ética a Nicómaco, V, 10).


El estoicismo propugna una ética universalista, basada en un orden racional y global de la naturaleza. Vivir moralmente es vivir según la naturaleza (SENECA, De vita beata, VIII, 1). Hay una ley de origen divino. El Logos impregna de racionalidad al universo y se manifiesta en la razón humana. Para Cicerón la ley es -la razón suprema inserta en la naturaleza que nos manda lo que hay que hacer o nos prohíbe lo contrario- (De legibus, I, VI, 18). La ley ética universal es de origen divino y su conocimiento procede de la naturaleza y de la razón humana.


Esta visión clásica de un orden natural ético y jurídico, que está por encima de los mandatos del legislador humano, tendrá una amplia y duradera repercusión en el pensamiento de la cultura cristiano-occidental, junto con la Revelación bíblica y las construcciones jurídicas romanas.


Las explicaciones relativistas y positivistas tienen fecha todavía reciente, por no mencionar la precariedad de su escasa fundamentación.
Fuente: http://www.diarioelprogreso.com/edi-301111/html/pag18-b.html

1º de diciembre de 2011



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