El velo de la igno­ran­cia. Por Carlos Pérez Laporta

Nues­tro sis­tema pro­mueve lo con­tra­rio de lo que dice bus­car. Donde la liber­tad con­sista tan solo en bus­car el pro­pio bene­fi­cio, la vir­tud social estará sujeta cons­tan­te­mente a una per­pe­tua corro­sión

Por Carlos Pérez Laporta

Lo peor para un pro­fe­sor no es expli­car a los auto­res que con­si­dera sus con­trin­can­tes. Al con­tra­rio, al expo­ner sus ideas el pro­fe­sor hin­cha sus vir­tu­des y poten­cia sus for­ta­le­zas; aun­que solo sea para levan­tar bien alto al gran ene­migo y pre­pa­rar así el pre­ci­pi­cio de su caída. Si ade­más esta vic­to­ria se pro­duce con la pro­pia crí­tica del pro­fe­sor, ganará alguna aten­ción entre sus alum­nos. La vani­dad, en no pocas oca­sio­nes, es un anverso útil de la docen­cia.

El ver­da­dero pro­blema lo tiene el pro­fe­sor con aque­llos auto­res que des­pre­cia. Espe­cial­mente con los que con­si­dera cur­sis. Es terri­ble tener que repli­car sus melin­dres y ñoñe­rías. Se siente uno inú­til­mente empa­la­goso. No le sirve para lucir gran­des des­tre­zas frente a los alum­nos, ni las crí­ti­cas pro­vo­can nin­guna emo­ción.

Esto me ha ocu­rrido cuando me ha tocado expli­car a John Rawls y su teo­ría de la jus­ti­cia. En par­ti­cu­lar, cuando explico su intento de mejo­rar dicha teo­ría con su con­cepto de con­senso tras­la­pado. Sí, oiga, tras­la­pado. Es terri­ble, lo sé. Pero no me mire a mí. En inglés dice Rawls over­lap­ping, lo cual dudo que sea menos remil­gado. Ima­gí­nese usted teniendo que usar esa absurda pala­bra durante una hora sin tro­pie­zos lin­gua­les y con la abso­luta cer­teza de estar diciendo una solemne memez.

Con todo, algu­nas astu­cias resul­to­nas de Rawls lle­gan a encan­di­lar a los alum­nos más cán­di­dos. Una de ellas es la idea del velo de la igno­ran­cia. ¡No me digan que en cada nom­bre no cuida esa esfor­zada afec­ta­ción! Según este jurista ame­ri­cano, podría­mos poner­nos todos de acuerdo si al pac­tar des­co­no­cié­se­mos nues­tros inte­re­ses con­cre­tos actua­les, nues­tra ideo­lo­gía y nues­tra situa­ción eco­nó­mica. Con toda situa­ción empí­rica velada (ay), todos acor­da­ría­mos, pri­mero, un dere­cho al máximo de liber­tad de cada uno y, segundo, un cierto grado de redis­tri­bu­ción. Como nin­guno habría­mos sabido a la hora de pac­tar si íba­mos a ser ricos o pobres, ni qué íba­mos a pen­sar en tal caso, todos nos habría­mos ima­gi­nado la posi­bi­li­dad de estar en cual­quiera de las dos cir­cuns­tan­cias. De tal modo que habría­mos bus­cado el máximo de liber­tad por si lle­gá­se­mos a ser ricos y un mínimo de redis­tri­bu­ción por si aca­bá­ba­mos siendo pobres. Sin nece­si­dad de ser más gene­ro­sos, más bue­nos, más jus­tos, el puro egoísmo se habría trans­for­mado por arte de magia en una suerte de empa­tía. Con la misma ceguera que nos ocul­taba nues­tras cir­cuns­tan­cias, habría­mos asu­mido el bien de otros sin dar­nos cuenta, pen­sando solo en noso­tros mis­mos. ¿Acaso no con­siste en eso nues­tra Cons­ti­tu­ción espa­ñola, como extraor­di­na­ria máquina de coor­di­na­ción social de todos nues­tros dere­chos indi­vi­dua­les? ¿No es España un país libre y redis­tri­bu­tivo para que todos poda­mos ser mesu­ra­da­mente egoís­tas y mági­ca­mente altruis­tas? Para eso paga­mos impues­tos.

Mien­tras estos días expli­caba estas cosas nos inun­da­ban las imá­ge­nes de los jui­cios de Ába­los, Koldo, Aldama y, en para­lelo, el caso Kit­chen, en el que se regur­gi­taba la corrup­ción del otro lado del hemi­ci­clo en torno a Bár­ce­nas. A última hora se ha sumado tam­bién el jui­cio en torno al 3 % en la fami­lia Pujol, del que fue exo­ne­rado el polí­tico Jordi Pujol por su estado men­tal a los 95 años.

No sé si por el tono meli­fluo de las decla­ra­cio­nes de Ába­los, pero se me ha hecho impo­si­ble no jun­tar a Rawls con todos estos jaleos judi­cia­les. Era ine­vi­ta­ble ima­gi­nar que al qui­tar­nos el velo de la igno­ran­cia de Rawls y des­ta­par nues­tros ojos nos hemos encon­trado a todos los polí­ti­cos con sus manos en nues­tros bol­si­llos. Con qué faci­li­dad lle­na­ban sus arcas per­so­na­les aque­llos que debían con­du­cir el mag­ní­fico sis­tema de Rawls.

Pero extra­ñarse de este resul­tado es haber caído ya en la tierna trampa de este jurista ame­ri­cano. Pues nos hemos creído que el sis­tema debía auto­má­ti­ca­mente sacar­nos del fan­goso des­censo de nues­tros egoís­mos. Que nues­tras cons­ti­tu­cio­nes debían actuar como el brazo de Münchhau­sen, que al tirar de su pro­pia coleta se sacaba a sí mismo de las are­nas move­di­zas. Como si las leyes que nos hemos dado fue­ran el auto­ma­tismo capaz de librar­nos de nues­tros exce­sos de inmo­ra­li­dad.

Con ello no quiero decir que ten­ga­mos a los polí­ti­cos que nos mere­ce­mos ni que la clase que nos gobierna sea un puro reflejo de la socie­dad. Tam­poco creo que sea dema­siado útil insis­tir en la evi­dente ine­vi­ta­bi­li­dad de la corrup­ción humana, como hace quien con ter­nura infa­ti­ga­ble brinda al sol su supuesta lucha con­tra la corrup­ción.

Lo que quiero decir es que nues­tro sis­tema pro­mueve lo con­tra­rio de lo que dice bus­car. Una orga­ni­za­ción cen­trada en pro­mo­cio­nar nues­tros egoís­mos tiende nece­sa­ria­mente a la dege­ne­ra­ción social. Allí donde la liber­tad con­sista tan solo en bus­car el pro­pio bene­fi­cio, la vir­tud social estará sujeta cons­tan­te­mente a una per­pe­tua corro­sión. Lo que explica la cre­ciente desa­fec­ción polí­tica, de la mano de una cre­ciente poli­ti­za­ción ato­mi­zante; el des­censo de los ser­vi­do­res públi­cos y el aumento del fun­cio­na­riado; el decre­ci­miento preo­cu­pante de los coti­zan­tes y cre­ci­miento de los gorro­nes. Todo ello con inde­pen­den­cia de la nacio­na­li­dad. La situa­ción no mejo­rará por mucho cam­bio polí­tico que inten­te­mos, mien­tras no sen­te­mos las bases socia­les nece­sa­rias para la vir­tud. No habrá jus­ti­cia social ni vir­tud polí­tica donde nues­tros vín­cu­los no lle­guen a ser más valio­sos que nues­tros inte­re­ses. Nada cam­biará mien­tras nos tape­mos los ojos ante nues­tro pro­pio egoísmo.

Notas

CARLOS PÉREZ LAPORTA

Fuente: https://www.pressreader.com/spain/alfa-y-omega/20260507/282024743879085

19 de mayo de 2026.  ESPAÑA

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