Hablemos del SER II  o Los pesimistas hablan del SER. Por Yamiri Matías de Cabral

La cuestión del SER para los existencialistas no es una simple morada en el que este habita, el asunto resulta más complejo de lo que parece ser. Porque es allí donde el hombre logra sentirse realizado, siendo capaz de sortear toda perturbación y calamidad que desgasta la posibilidad de sucumbir en la existencia.

Desde un Dios como misterio que emana todo sentido de existencia en el SER. Hasta un SER que puede definir y encontrar el sentido de la existencia cuando éste adquiere un mayor nivel de conciencia de lo que es libertad.

Un fenómeno es lo que constituye el SER para Edmund Husserl. Un fenómeno que es capaz de reconstruir o dar forma a la realidad basada en las experiencias, las cuales resultan ser las limitantes que imposibilitan la construcción de una verdad objetiva.

Husserl entiende que el SER como fenómeno abriga en su conciencia recuerdos e ideas del pasado que lo hace aferrarse, haciendo que transcurra la vida como si fuera el presente; Husserl le llamó retención.

La retención no es más que una cadena o continuidad de eventos, capaces de crear un presente como existencia última de esa realidad.

Esa continuidad de eventos ejecutados por el SER viene dado por una intencionalidad. Y en esa intencionalidad “toda conciencia es conciencia de algo”, aunque pueda estar errado en esa aprehensión de la realidad o los hechos.

El maestro de Heidegger propone salir del estado epojé, para que pueda haber una nueva reconfiguración racional. ¿En qué radica el estado de epojé?.

El epojé es una actitud neutra que asume el SER ante las retenciones albergadas por el mundo circundante, en donde se asume una postura que la conciencia separa o suspende temporalmente los prejuicios, las vivencias o las experiencias espirituales que se conservan en la conciencia. Al ser suspendida temporalmente, el SER asume una postura neutral que lo capacita para captar y comprender la esencia del mundo circundante.

Por otra parte, el filósofo Marcel analiza la situación del ser humano desde la visión humanística. El sujeto en cada experiencia que experimenta, lo conduce siempre a involucrarse con otros entes.

El sujeto como vivencia, acto y momento que lo mantiene unido permanente con esa comunidad global, ya sea por la idea de dominio o de espíritu solidario que está en su naturaleza.  Una dinámica activa que lo lleva a esa idea obstinada de tener y poseer. Un dominio que lo hace despertar lo más cruel y despiadado que lleva dentro, siendo capaz de someter a todo cuanto pueda;  cuando lo ideado o poseído por él se le intenta arrebatar o controlar.

Marcel como lector de Sócrates profesó sus ideas, por lo que nos aconseja dejar a un lado los prejuicios e ideas basadas en apreciaciones un tanto individualistas, aquellas que son maquilladas a la conveniencia personal, esas que no corresponden con la verdad. Porque solo así, el hombre lograra alcanzar una aproximación de la realidad de la existencia. Cuando es capaz de apartar las ambiciones personales, y se acerca hacia un espíritu religioso o humano.

Como cristiano existencialista, además nos recomienda que acudamos al estado de la reflexión, en el que la conciencia (acto único del ser humano) da apertura al entendimiento de otros entes. Un entendimiento que nos hace encarnar al hombre de carne y hueso, aquel que siente ese espíritu que lo  involucra a social.

Y en ese punto Considera que el yo y el otro queda resuelto a un nosotros, donde todo cobra sentido para existencia humana.

En cuanto al SER, Marcel entiende que es un misterio. Un misterio donde el SER es algo divino, indescifrable e inmaterial. Un estado de superioridad de lo que está hecha la materia prima del hombre. Aquella que sale de toda comprensión humana, porque el sujeto está encriptado.

Un valor agregado a sus ideas fue la visión cristiana, en la que Marcel entendía que Dios es misterio, el cual no debe ser tratado, pero mucho menos demostrarlo, descifrado o explicado. Dios es un don que trasciende a lo virtuoso e inmaterial, elevándose a lo más divino.

Por otro lado esta Martin Heidegger, quien plantea que el SER no se debe buscar fuera de este mundo, sino que “nosotros mismos somos los entes que debemos ser analizados”.

Estando nuestra existencia sumergida ante una temporalidad, de la cual no podemos escapar porque ocupamos un tiempo y un espacio; que están predeterminados por aspectos históricos y espirituales.

El sujeto deberá saber que “estar ahí” representa todo un reto para lograr “SER ahí”. En el que, ese diario vivir que le da posibilidad de poder “SER” o simplemente no lo “deja SER” en este mundo.

¿Cómo puede el SER darle sentido a su existencia en este mundo?

El mago de Messkirch argumenta que el SER debe tener presente el rol que juega el tiempo en su vida, para saber qué hacer con ella. Para eso deberá acudir primero al estado de “Dasein”.

El estado de “Dasein” es ese sujeto que cada vez se hace más consciente, qué es la vida y qué es la muerte; logrado comprender que su existencia tiene fecha de caducidad, su vida es finita; por tanto deberá planificar su proyecto de vida.

¿Y por qué debe el sujeto hacerse cada vez más conscientes?

Heidegger sostiene que en la medida que somos más conscientes de que “la muerte es el límite de nuestras posibilidades”. El SER como fenómeno es capaz de experimentar ciertas experiencias, haciendo que esas experiencias en la vida cobren sentido de existencia, y logre al mismo tiempo concluirlas, para nuevamente volver a montarse en el tren de nuevas experiencias.

Y dentro de esa realización, el SER debe procurar ser mejor persona, vivir en armonía con el mundo que habita. Y en ese punto, Martin sostiene que se tiene la oportunidad de poder “SER en el mundo”.

Las influencias de Kierkegaard en Heidegger le ayudaron a comprender que el sujeto está sumergido ante múltiples contradicciones que inhiben al SER para poder llevar a cabo su proyecto de vida.

Las contradicciones que envuelve al ser humano hacen que esté sienta temor, miedo y angustia. Y ante ese terror de saber que la muerte es intransferible a otro, hace que se active ese sentimiento de miedo. Ese que lo perturba y que lo hace pensar que se encontrara cara a cara con la muerte; Heidegger nos recuerda que “nadie puede morir por el otro”, ella es nuestra triste realidad.

Y es justamente aquí, en donde el SER debe hacerse cada vez más consciente de que la muerte destruye toda posibilidad para llegar a ser. Imposibilitado para llegar a realizar su proyecto idealizado, con la muerte esté desaparece.

Las cosas dejan de ser, todo termina, todo se disuelve, todo se desvanecen, todo se vuelve un abismo, todo pierde sentido, todo se convierte en la nada y todo retorna a la nada.

La muerte rompe el hilo que nos hace creer que existimos para siempre, por eso para Heidegger “morir no es acontecimiento” es la pura realidad.

De frente a esa realidad, el sujeto para “llegar a SER” debe primero alcanzar la libertad.

Y en ese punto, Jean- Paul Sartre parte de que el hombre es “para sí” porque la existencia dependerá del significado que él le da “para él mismo”; porque mientras las “cosas son en sí” el hombre es “para sí”; toda existencia se relaciona con él mismo, dándole un significado de propiedad.

Sartre como pesimista e influenciado por Husserl como Heidegger, ve que toda actividad que ejecuta el ser humano está condenada al fracaso. Todo proyecto de vida ante ese diario vivir es absurdo e inútil. Todo al final no sirve para nada, el hombre es temporalidad en este mundo, lo que es ahora, mañana deja de ser.

Lo que se es hoy, mañana no lo es; el filósofo de la libertad, en ese punto  entiende que “el infierno son los demás”, siendo los otros “el límite de nuestra libertad”.

Para los otros, solo somos objetos y adjetivos. Los otros destruyen todo cuanto aspiramos o anhelamos. Su mirada está puesta en nosotros para juzgarnos y condenarnos. El otro se impone y al final logra alienar, quebrantar y desmoralizar, haciendo al SER más frágil y vulnerable.

Sartre aconseja, que lo que piensa el otro del SER debe estar por debajo de todos aquellos que lo miran y lo condenan. Porque cuando el hombre se hace cada vez más consciente “se es para sí”, logra superar lo que piensan los otros de él. Los otros! Que te vean como ellos quieran, fin a los límites que imposibilita su libertad.

Los filósofos existencialistas coinciden en que a medida que el sujeto adquiere un mayor nivel de conciencia y responsabilidad de lo que implica la libertad, su existencia estará constantemente tomando decisiones, esas estás correcta e incorrecta. En esas tomas de decisiones que solo lo da la libertad, no solamente deberán ser pensadas en lo que es “correcto para mí” o los míos, sino lo que deberá ser bueno para el destino de toda la humanidad.

Notas

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Fuente: Yamiri Matías de Cabral

29 de septiembre de 2022

 



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