El Platón invertido (y II). Por Roberto Moreno

Nos ilustra el sabio heleno en que hay varios elementos en el entendimiento de toda realidad

Composición editorial sobre copia romana de un busto de Platón del s. IV a. C.

Hay entre los pedagogos quien ha asemejado su postura a la del maestro antiguo, o a la de Sócrates. Es cierto que en su Carta VII Platón habla de un saber excelso que no es como las demás ciencias: No se puede enseñar completamente, y mucho menos por escrito —«sólo después de una larga convivencia con el problema y después de haber intimado con él, de repente, como la luz que salta de la chispa, surge la verdad en el alma y crece ya espontáneamente»—.

Ahora bien, esto resulta así por la excelencia del objeto de esa ciencia y por la rudeza de nuestras facultades. Las disciplinas y las ciencias son transmisibles por su esencia. Y, aún en esta ciencia excelente, da a entender Platón que convienen los apoyos y las indicaciones de un maestro experto.

Platón hace esa distinción egregia porque tanto los saberes como su modo de enseñanza se diferencian por el objeto que los especifica. Y nos ilustra el sabio heleno en que hay varios elementos en el entendimiento de toda realidad. Los más esenciales son el «objeto en sí, cognoscible y real» y el conocimiento como posesión intelectual «en las almas» de ese objeto.

Pero en su transmisión entre preceptor y discípulo, este conocimiento depende de elementos más variables y endebles (el «nombre», la «definición» que no siempre es buena, la «imagen»…), factores que influyen en que no siempre la enseñanza se consume. Ése es el motivo por el que Platón se opone a dejar ciertos asuntos por escrito. También es el motivo, para escándalo de los piscopedagogos, por el que alaba la memoria como elemento imprescindible para adquirir, acrecentar y perfeccionar los conocimientos.

En suma, el sabio dice verdad en que el conocimiento lo es sobre contenidos que se alcanzan y pueden transmitirse. Según el tipo de conocimientos, se especifica la ciencia y su modo de enseñarla. Y si esta nueva pedagogía se nombró alguna vez platónica, es una inversión platónica: no existe para Platón ni un enseñar ni un aprender valetudo.

De igual modo, como la realidad es jerárquica, también en el orden del conocimiento la adquisición de unos saberes depende de poseer ya otros previos. Igualmente, unas facultades dependen de otras. En la enseñanza están implicados múltiples factores, algunos de ellos son más importantes, pero deben concertarse todos para que el aprendizaje llegue a buen puerto. No existen competencias que consistan en el aprender exento, hipostatizado o puro.

Notas

Roberto Moreno, Círculo Cultural Antonio Molle Lazo de Madrid

Fuente:  https://periodicolaesperanza.com/archivos/18488

13 de abril de 2023. ESPAÑA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Muchos han tratado de analizar la nueva pedagogía, que trajo Bolonia y trae la vigente ley educativa en España (LOMLOE). Numerosos análisis resultan romos ante las entretelas de esta ideología, fraguada en la Sociedad de la Información, no por inexpugnable, sino porque es inaprensible.

 

Inaprensible como un sofisma o un absurdo, añadimos. Lo primero que exponen los pedagogos es que esta nueva educación no es exactamente una teoría, un conocimiento, sino que es una perspectiva, un paradigma, un enfoque. Así, sería preciso situarse en ese planteamiento para comprenderlo.

 

Este enfoque tiene un supuesto esencial: el proceso de la enseñanza y el del aprendizaje se pueden enajenar totalmente de las enseñanzas concretas (de Matemáticas, de Física, de Música). El enseñar o el aprender se hipostatizan. Es decir, que lo que se imparta, sea Química o Lenguaje, no concreta ese proceso en sí. Por lo tanto, es indistinto a la materia a que se aplique, nada condiciona los procesos de enseñanza-aprendizaje en sí.

 

Por esto, como comprenderán, la reciente ley española posterga ya del todo las asignaturas concretas. En el organigrama de los centros, posterga también los departamentos y los arroja a una rapiña por los porcentajes de evaluación.

 

Desde aquí se puede ver un poco mejor qué era aquello de las competencias. El alumno no está para aprender conocimientos concretos, sino para aprender a aprender. ¿Qué es eso? Los pedagogos no lo describen exactamente como una técnica, pero se trataría del desempeño que permite aprender cualquier conocimiento concreto en cualquier circunstancia. El aprender trascendental, un acto procesual sustancializado, la llave maestra que desbloquea los aprenderes concretos.

 

¿En qué va a consistir el trabajo del profesor, y cómo debe prepararse para ello? Si enseñar también es un acto procesual hipostatizado relacionado con aprender, el profesor debe dominarlo no para impartir conocimientos concretos, teóricos o prácticos, sino para enseñar a aprender a aprender.

 

Si continuásemos con la gracieta, el trabajo profético de los pedagogos consistiría en enseñar a enseñar a aprender a aprender. ¿Aprender el qué? ¿Enseñar el qué? En nuestra lengua, estas voces son verbos transitivos porque la acción que refieren pide necesariamente un objeto para consumarse. Como ven, es una postura de circunloquios, sin sentido real.

 

El aprender a aprender, el enseñar a aprender a aprender, revisten una condición exenta, pura, desmaterializada. Quizá por eso hay quien ha visto tintes platónicos en esta pedagogía, pero lo cierto es que no los tiene. Es una ideología ante todo subjetivista, antirrealista. E insiste especialmente en que no hay nada objetivo que especifique el conocimiento: el enseñar-aprender tiene esa condición sustancializada por que el sujeto lo determina todo.

Notas

Roberto Moreno, Círculo Cultural Antonio Molle Lazo de Madrid

Fuentehttps://periodicolaesperanza.com/archivos/18221?utm_source=rss&utm_medium=rss&utm_campaign=el-platon-invertido

13 de abril de 2023



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