Rawls y el significado perdurable de su visión sobre la justicia. Por María Gloria Báez

Filósofo político destacado en la tradición de John Locke, Jean-Jacques Rousseau e Immanuel Kant. Antepuso los derechos individuales al bien común. Desempeñó un papel importante en la reactivación del interés por las cuestiones sustantivas de la filosofía política, como ser: ¿qué hace que una sociedad sea justa?; ¿cómo se relaciona la justicia social con la búsqueda de una buena vida por parte de un individuo?

El legado de John Rawls (1921-2002), en el centenario de su nacimiento y el quincuagésimo aniversario de su obra cumbre Teoría de la justicia (1971), escrita durante la guerra de Vietnam, constituye un hito en la filosofía política y moral. Su teoría de la “justicia como equidad” es el resultado de sus esfuerzos por resolver el problema de la justicia distributiva. En esta obra detalla sus conceptos políticos más famosos: la “posición original”, el “velo de la ignorancia” y, por supuesto, sus dos principios de justicia: el principio de libertad y el principio de diferencia. La obra aborda, según el autor, “los problemas clásicos de la teoría política moderna: problemas sobre los fundamentos de las libertades civiles básicas, los límites de la obligación política y la justicia de las desigualdades económicas y de otro tipo”. Pero donde la tradición dominante del pensamiento liberal en los primeros tres cuartos del siglo pasado fue utilitaria, siguiendo el ejemplo de David Hume, John Stuart Mill y Henry Sidgwick, Rawls buscó rehabilitar la tradición del contrato social: la tradición de Locke, Rousseau y, sobre todo, Kant.

ELEGIR LIBREMENTE

Si hay un solo principio en el centro de su sistema, es que los derechos civiles y políticos básicos son inviolables. Siguiendo a Kant, Rawls creía que desde el punto de vista moral el rasgo más distintivo de la naturaleza humana es nuestra capacidad para elegir libremente nuestros propios fines. De ello se desprende en su explicación, que el primer deber del Estado con sus ciudadanos es respetar esta capacidad de autonomía. Una característica principal de la teoría de Rawls, entonces, es la prioridad que le da al derecho sobre el bien a los reclamos basados en los derechos de los individuos, sobre los reclamos basados en el bien que les resultaría a ellos, o a otros, por violar esos derechos. Dicho de otra manera argumenta, en oposición a los principios utilitarios, perfeccionistas y comunitarios, que el primer deber del estado liberal es salvaguardar las libertades civiles básicas del individuo, y que “la pérdida de libertad para algunos” nunca puede “rectificarse por un bien mayor compartido por otros”. Sin embargo, como Rawls entendía, no bastaba simplemente con afirmar la prioridad del derecho sobre el bien; tenía que presentar una explicación adecuada de cómo se reconciliarían las libertades básicas entre sí, y cómo se distribuirían la riqueza y las oportunidades. Para aclarar nuestro pensamiento sobre estos temas, introdujo el concepto de “posición original”: una situación hipotética en la que personas de aproximadamente la misma capacidad deciden ponerse de acuerdo sobre principios de cooperación social, sin saber cómo se ubica a nadie en la sociedad. Una situación en la que un grupo de individuos se reúne para acordar la constitución básica de una sociedad a la que están a punto de ingresar, pero en la que, para asegurar su imparcialidad, se colocan detrás de un “velo de ignorancia”. El velo les niega cualquier conocimiento de su raza, género, clase social, talentos y habilidades, creencias religiosas o concepción de la buena vida. Esa posición, en sí misma, proporciona un modelo de una norma moral profundamente arraigada.

SITUACIÓN HUMANA

Rawls sostuvo que con el destierro de este tipo de conocimiento inductor de prejuicios, los participantes en la posición original se ven forzados, incluso si son egocéntricos, al punto de vista moral, o como él lo llamó en los últimos capítulos conmovedores del libro, “la perspectiva de la eternidad”, (…) “contemplar la situación humana, no solo desde todos los puntos de vista sociales, sino también desde todos los puntos de vista temporales. La perspectiva de la eternidad no es una perspectiva desde un cierto lugar más allá del mundo, ni el punto de vista de un ser trascendente; más bien, es una cierta forma de pensamiento y de sentimiento que las personas racionales pueden adoptar en el mundo”. (Rawls, Teoría de la Justicia). Y cito la última frase del libro,… ”La pureza de corazón, si pudiera alcanzarse, consistiría en ver claramente y en actuar con indulgencia y dominio propio desde esta posición”… De ello se deduce que todos los principios que se deriven de él están obligados a ser justos.

Si pensamos que la primera parte de la teoría de Rawls se retoma con la construcción de la posición original, entonces la segunda parte está dedicada a establecer los principios que se acordarían en ella. Argumentó que los participantes en una posición original estarían de acuerdo con principios que son fundamentalmente igualitarios, principios que les garantizarían los niveles mínimos más altos posibles de libertad, riqueza y oportunidad. En particular, Rawls sugiere que elegirían regirse por dos principios: sus famosos “dos principios de justicia”. El primero de ellos dicta que cada persona debe tener derecho a la libertad básica más amplia compatible con una libertad similar para los demás; el segundo, que las desigualdades sociales y económicas deben organizarse de manera que beneficien a los más desfavorecidos y deben vincularse a carreras abiertas a todos. En otras palabras, defendió un Estado que se mantuviera absolutamente neutral entre las diferentes formas de vida, al tiempo que promovía, en sus políticas económicas, el bienestar de los menos favorecidos.

Rawls fue un creador de frases brillante, y muchos de sus términos, como “la posición original” y “velo de ignorancia”, se han convertido en parte del lenguaje. Tenía un conocimiento excepcional en una amplia gama de materias, desde historia del arte hasta economía. Siempre insistió en que los principios abstractos en los que se ocupaban los filósofos políticos tenían que ser contrastados con las convicciones preteóricas del “sentido común”; sugirió que los filósofos políticos tenían que aprender a ajustar los primeros principios y las intuiciones morales hasta que se unieran en lo que denominó, en otra famosa frase, “equilibrio reflexivo”. Comprendió tan bien como cualquier conservador que los principios políticos no podían simplemente conjurarse de la nada.

En 1993 publicó el libro, Liberalismo político, en el cual recoge en forma revisada, algunos de sus principales escritos desde Teoría de la justicia. Su principal preocupación es establecer una distinción entre el liberalismo como filosofía de vida y como un credo político más estrecho. Los liberales han basado tradicionalmente su defensa de la libertad y la igualdad en ciertos presupuestos sobre la naturaleza de la persona y de la buena vida. John Stuart Mill, por ejemplo, argumentó que solo una vida examinada vale la pena vivir, y luego justificó los derechos liberales como un medio a fin de asegurar las condiciones para tal vida. Rawls creía que el peligro de este tipo de liberalismo era que alentaba a quienes rechazan las opiniones liberales sobre la naturaleza de la persona y la buena vida, a rechazar los principios políticos liberales. En sus últimos escritos, Rawls se propuso hacer algo bastante nuevo en la historia del pensamiento liberal, al presentar el liberalismo como un credo estrictamente político, uno que apela no a puntos de vista contenciosos sobre Dios, la moralidad o la persona, sino a ideas menos discutibles, valores de reciprocidad, equidad y respeto mutuo. De esta manera, esperaba que una concepción de la justicia, arraigada en los valores liberales de equidad y libertad, pudiera convertirse, incluso en una sociedad como la América moderna, donde hay poco acuerdo sobre cuestiones morales fundamentales, la base de lo que él llamó “un consenso superpuesto”. Hacia el final de su vida, Rawls publicó varios ensayos y conferencias. En El derecho de gentes: Una revisión de la idea de razón pública (1999) intentó extender sus ideas sobre la justicia al ámbito internacional, sorprendiendo a muchos de sus aliados liberales al escribir, en términos respetuosos, lo que llamó “pueblos jerárquicos decentes”, que solo respetaban el mínimo de libertades tradicionales, como la libertad de expresión y la libertad de culto religioso. La obra se caracterizó además por una nueva retórica y Rawls volvió a argumentar contra los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki. Fue seguida por otra obra La justicia como equidad: una reformulación (2001), en la cual brinda una breve descripción de sus ideas principales. A diferencia de Teoría de la justicia, en donde postulaba que los principios liberales justos podrían realizarse en un “estado de bienestar capitalista”, ahora sostenía que solo podrían lograrse en “una democracia propietaria” caracterizada por niveles universalmente altos de educación y “la propiedad generalizada de activos productivos”, o en un régimen socialista de mercado. Rawls probablemente puso más esperanzas en las perspectivas de una democracia propietaria que en el socialismo de mercado.

Los puntos de vista de Rawls siempre se presentan de manera abstracta y a menudo son difíciles de comprender para los no filósofos. No obstante, cualquier persona que practique la filosofía política hoy, incluso en el mundo no occidental, puede pensar a favor o en contra, pero normalmente no sin ella. Rawls ha dado nueva especificidad y vigor a uno de los legados más valiosos de la tradición política liberal: la idea de que una persona tiene una dignidad y un valor que las estructuras sociales no deben violar.

Notas

Fuente: https://www.ultimahora.com/rawls-y-el-significado-perdurable-su-vision-la-justicia-n2980657.html

11 de enero de 2022



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