En la normalización radica mal. Por Yamiri Matías

El pensamiento puede resultar peligroso señala Hannah Arendt en su obra La Condición Humana.

La filósofa profundiza sobre cómo se va gestando “la idea del Mal” en la mente de toda una sociedad incapaz de actuar conscientemente ante un acto que se produce cotidianamente.

¿Qué observa Arendt en la gente común sin distinguir clases sociales?

Que “la gente no disfruta hacer daño”, sino que los actos que se llevan a cabo en el barrio, el sector, la comunidad, el trabajo, una empresa, una oficina pública se ejecutan con total normalidad ante los ojos de todo el mundo.

Una normalización que “puede NEGAR todo hecho CONOCIDO y ESTABLECIDO”, en donde los robos, los atracos, la prostitución, la indiferencia, los feminicidios, las bandas, los tirros, las peleas, el tráfico de sustancias ilícitas, tráfico de influencia entre otros males sociales se convierte en el pan de cada día. Un mal social que termina estableciéndose de forma tan natural y habitual; afectando la paz y la vida de cada ser humano.

Pero, ¿desde dónde se fomenta la idea del mal?

La idea del mal se va gestando desde muchas esferas políticas, religiosas, empresariales, comunicadores, grupos de poder que operan bajo la sombra, entre otros y tantos; quienes se aprovechan de la ignorancia de su gente para distorsionar, manipular y ocultar hechos históricos para su conveniencia o beneficio personal.

Una idea que puede llegar a la etapa totalitaria, transformarse en un mal absoluto. Una idea de dominio la cual no admite ninguna otra forma de pensar más que la del mal. Y en donde, el individuo solo puede acatar orden sin que la misma sea cuestionada por quien dirige la organización, el partido o la asociación.

Un mal absoluto que engendra en la población un miedo que lo neutraliza para su realización y desarrollo. Aquel que lo lleva a perder su capacidad de asombro, reflexión y crítica; y peor aún su libertad. Una libertad que inhibe al ser, en la que al ser gobernado por fuerzas externas es capaz de destruir toda esencia en una persona.

Para Hannah, es aquí donde el pensamiento es peligroso porque el mal se ha instaurado como sistema en todas las instituciones; aquellas que tienen el deber de velar por el orden, la ley y la gente.

La filosofía agrega que muchos de los “grandes líderes” olvidan que sus interpretaciones, reflexiones u opiniones son subjetivas para poder llegar a transformar una nación.

Los aportes del pensamiento de Hannah es que: se eviten las interpretaciones y las reflexiones subjetivas de cualquier autoridad, régimen, líderes o políticos. Que la misión y visión del Estado esté dirigida hacia políticas públicas en comunión con la diversidad de raza, género, etnia, clase social y entre otros, siempre en pro de la vida, la libertad y la felicidad de las personas, nunca incitando a la violencia o la muerte. Además, que se respete la legalidad de acuerdos universales sobre los derechos de las personas, en la que no se tenga que privar de los derechos fundamentales de algunos pocos por persecución entre los unos y los otros. Y por último, y no menos importante es que se incorpore una forma esencial y humana para el desarrollo social como una forma de inclusión ante la pluralidad.

Cabe destacar que la filósofa participó en el juicio que se llevara en contra del nazi Adolph Eichmann, uno de los mayores organizadores del genocidio en Auschwitz contra los hebreos; quien argumentó que cumplía con su deber.

En este punto Hannah subraya que, a través de la historia la diplomacia en la política o en asuntos de seguridad nacional, las autoridades “competentes” a nivel global prefieran mirar hacia el otro lado; utilizando las mentiras para justificar y ejecutar algunas atrocidades y destrucciones, quienes al final ocultan sus verdaderas intenciones.

Notas

Fuente:  Yamiri Matías

27 de julio de 2023



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