Felicidad y empresa

Alumna de la Escuela Superior de Filosofía y Maestra en Administración.
Todo mundo sueña con ser feliz. Es una premisa básica de la vida. Desde los filósofos griegos hasta los pensadores modernos se han encargado de buscar una fórmula infalible para decirle a las personas como ser felices. En esa búsqueda pocos han tenido éxito. Se aborda un tema complejo, como compleja es la gente. Sin embargo, la mayoría de los pensadores han compartido en sus búsquedas un principio básico, que es indispensable para obtener la felicidad. Y éste es saber qué hacer con nuestras vidas.
Hay varias formas de darle un rumbo a los actos que desarrollamos. La más sencilla es enfocarlos en un proyecto de vida que integre los objetivos más importantes que perseguimos como personas. Se trata de darle una proyección a nuestras ilusiones y pensamientos; de tener objetivos bien planteados en las diferentes áreas del ser humano: La profesional, la familiar, la intelectual, la espiritual, la económica y la social. La felicidad se da en la medida en que sabemos combinar satisfactoriamente dichas facetas.

Un problema de vida.

Cuando la vida de las personas carece de sentido se pierde la posibilidad de encontrar la felicidad. A pesar de que hay quienes logran vivir en opulencia material, con lujos y un entorno sin necesidades económicas, en el fondo no logran conseguir la verdadera felicidad.

Aún cuando estas personas aseguren ser felices, su situación asemeja a la felicidad que siente alguien bajo la influencia de una droga: Es artificial y pasajera.

La felicidad se alcanza, en primer lugar, conociendo lo que somos, las capacidades y talentos que tenemos, y desarrollándolos de acuerdo a un fin trascendental. Y es que la felicidad es la vocación fundamental del hombre, su primera inclinación y hacia la que apuntan todos sus esfuerzos, aún en las situaciones más difíciles y complejas. La felicidad es, pues, el desarrollo constante y el alcance de la plenitud existencial de las personas.

Si entendemos estas ideas, no es de extrañar que muchos individuos vivan frustrados por muchos años, debido a que no lograron alcanzar ciertos objetivos que fueron planteados por ellos mismos.

Felicidad y empresa.

Mucha de la apatía y la falta de empeño que priva en las empresas se debe a que el empleado no es feliz laborando en lo que hace. Cuando las personas se enfadan haciendo su trabajo diario y no aceptan lo que son, hay un problema que llega a afectar el funcionamiento del negocio.

Si se pretende que el empleado cambie su forma de pensar yendo de una óptica pesimista a una actitud feliz, lo que se debe hacer es ayudarlo a conformar un plan de vida. Y ello es sencillo. Basta con ayudarlo a encontrar sus mejores aptitudes personales y profesionales, planificar las metas precisas y dotarlo de las herramientas necesarias para conseguirlas.

La previsión es clave sustantiva para encontrar la felicidad. Quien vive sus éxitos producto de una adecuada planificación, los saboreará con mayor gusto.

Si se quiere que la empresa coadyuve a la felicidad de sus empleados se deben de tomar en cuenta:
• Programas tendientes a la formación de la persona.
• Programas de valores éticos que se encaminen a la misión.
• Motivación e incentivos hacia la misma capacitación integral y hacia el trabajo.
• Servicios al personal que apoyen los proyectos de vida de todos los trabajadores.

Caminando hacia la misión empresarial.

La empresa debe de ser partícipe de la felicidad de su capital humano. Si un directivo encamina a sus trabajadores en un sendero de valores bien definido, acorde a los proyectos de vida de éstos, la misión del negocio se verá cristalizada cotidianamente.

Un empleado feliz es competitivo, productivo y arroja resultados de calidad. Para obtenerlo es necesario invertir tiempo y formación. Por ellos se concientiza a la gente sobre su dimensión personal y profesional, y se le habilita para ser exitosa.

No hay que perder de vista que el empleado más feliz no será el que gane más dinero, tenga mejor oficina o lugar de trabajo, sino aquél que disfrute más la labor que se le haya encomendado. De otra forma: no es más feliz quien más tiene sino quien sabe disfrutar lo que tiene, desarrollando a plenitud su existencia y su ser.

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