¿Por qué Derrida inventó el concepto deconstrucción? Por: Jesús Ferrero

El filósofo francés usó un procedimiento hoy general: enmascarar conceptos para que no muestren al desnudo su verdad

Heidegger era un filósofo frontal al que no le gustaba enmascarar los conceptos, y Derrida era un filósofo oblicuo. En lo referente a las ideas fundamentales, Heidegger era de una claridad espantosa, si bien ciertas de sus divagaciones aburren y a menudo uno lo siente embriagado por sus propias palabras. Como lector, esa sensación me ha resultado siempre muy odiosa.

Heidegger creía que la ontología occidental había errado desde épocas muy tempranas y se propuso llevar a cabo con ella una descodificación destructiva, es decir: un desentrañamiento de todos sus errores que en realidad la mataba. A esa operación de asalto razonado a una parte esencial de la metafísica occidental Heidegger la definió como «la tarea de una destrucción de la historia de la ontología», y utilizó el concepto latino Destruktion.

Ser y tiempo es un libro destructivo que inaugura una nueva filosofía del Ser que conecta directamente con el Ser de los presocráticos. Todas las tendencias filosóficas que ignoraban esa conexión tenían que ser abolidas y Heidegger tiene muchas maneras de ejercer la Destruktion, a la que se entregó hasta el final de sus días.

Derrida, discípulo muy directo de Heidegger y también muy díscolo, quería llevar a cabo operaciones destructivas como las del maestro. Derrida aspiraba a dedicarse a la Destruktion a tiempo completo, como el pensador de la Selva Negra. Y también quería destruir el Ser. Derrida dijo bien claro una vez que «había que renunciar a buscar el sentido del Ser»; es decir: había que renunciar al legado principal de Heidegger. No había que buscar el sentido del Ser pero sí que había que agrietarlo con vistas a una demolición final. ¿Cómo? Matando el sentido: el método que Derrida adoptó parecía servir para desenmascarar toda clase de textos, demostrando que no tenían sentido, destruyéndolos como máquinas lógicas, literarias o filosóficas. Al final todo se pierde en el mar del sinsentido. Nihilismo elevado a la enésima potencia. Normal. Cuando llegas al acantilado donde se pierde el sentido, aún puedes creer en la nada y cantar el Himno de la alegría mientras te arrojas al precipicio.

«Para Derrida toda asignación de raza, cultura y sexo es arbitraria y portadora de dominación»

Derrida tenía varios problemas: su timidez patológica, su arrogancia a veces malcarada y muy displicente, y su espíritu carroñero. Derrida ve los textos como cadáveres y él es el buitre dando vueltas en torno al muerto: he aquí la geometría en movimiento y circular que caracteriza las investigaciones de Derrida, habitualmente destructivas hasta cuando parecen mansas, y siempre barrocas. No hay que olvidar que a ojos de Derrida toda asignación de raza, de lengua, de cultura y de sexo es arbitraria y portadora de verticalidad, es decir: de dominación. Sería lo mismo que decir que la asignación de raza, lengua, cultura o sexo es una construcción que se puede destruir. Derrida podía haber llamado a su método con una palabra que le gustaba mucho a Fitzgerald: Demolition. Pero se trata de un término demasiado poderoso y aplastante, por no decir aniquilador, y claro, no puedes llamar así a ninguna escuela, a ninguna tendencia, a ninguna filosofía, pues a la gente le asusta esa palabra de mármol agrietado: demolición.

También podía haber utilizado el mismo concepto que su divino maestro. Hubiese sido lo más adecuado, pero surgía el mismo problema: Destruktion es una palabra muy violenta, la burguesía se podía asustar, la universidad también. Heidegger se había atrevido a utilizarla, pero era otra época. Finalmente a Derrida se le ocurrió el concepto de deconstrucción, que si bien era una destrucción no lo parecía, o parecía una destrucción amable y como difuminada en sí misma. Se trataba al mismo tiempo de un recurso filosófico y publicitario. Derrida eligió su concepto más emblemático por las razones indicadas y porque deseaba inventar una idea clave que definiera su método y su filosofía, muy tributaria de Heidegger, y en su proceso destructivo y destructor casi idéntica, y es así que ahora la destrucción se llama deconstrucción porque ya no estamos en los tiempos heroicos y porque al parecer ha llegado la edad de que las cosas dejen de llamarse por su nombre.

Derrida tuvo la astucia de camuflar su propósito con una nueva palabra que enmascaraba lo que Heidegger nunca enmascaró: la destrucción, por eso hemos de ver el invento de Derrida como el primer fulgor de un procedimiento que en este tiempo se ha hecho general: enmascaras conceptos para que no muestren al desnudo su verdad. De haber utilizado el concepto heideggeriano Destruktion, el método derridiano no se hubiese expandido en América, siempre tan proclive a ocultar la verdad de los conceptos tras amables neologismos que cumplen funciones maquilladoras: en el caso de la deconstrucción es una evidencia si bien como estrategia nunca fue una innovación. La escuela de París había sido claramente deconstructora antes de que Derrida se sacara de la manga el concepto (de ahí la irritación de Foucault), y Nietzsche fue ampliamente deconstructor en textos como Más allá del bien y del mal y Genealogía de la moral. Pero como Nietzsche no era un enmascarador, no se anduvo inventando neologismos raros y habló de «hacer filosofía a martillazos».

Y si nos vamos mucho más lejos llegamos a Parménides, tótem mayor de Heidegger, que deconstruyó el no-ser en beneficio del Ser, y más tarde Platón que en La república deconstruyó el Estado, la familia, la masculinidad, la feminidad y la ciudadanía, además de haberse pasado la vida deconstruyendo los textos de los sofistas.

Notas

Jesús Ferrero

Fuente: https://theobjective.com/cultura/2023-12-09/derrida-invento-concepto-deconstruccion/

9 de diciembre de 202



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