Saussure y Lévy: El estructuralismo

Fernando de Saussure (1857-1913)Claudio Lévi-Strauss (1908-2009)

1. Tomando como límites la fecha de 1814 –el Congreso de Viena– y el comienzo de la Gran Guerra en 1914, la vida de Ferdinand de Saussure trascurre en pleno siglo XIX. Nace en 1857 en Ginebra y desde los veinte años manifiesta una precocidad sorprendente, capaz de construir desde nuevos principios la lingüista. Su hazaña es tanto mayor cuanto que durante su magisterio lleva una vida de solitario, mantiene un silencio completo ante el público científico internacional y hasta destruye los borradores en que cada día presenta los esquemas de sus lecciones.

Después de su muerte en 1913 sus discípulos Charles Bally y Albert Sechehaye redactan el Cours de lingüistique generale, utilizando los apuntes tomados por estudiantes en cursos profesados en Ginebra desde 1906 a 1911. Esta obra póstuma, fiel a la doctrina oral de Saussure, marca, no sólo el comienzo de una nueva ciencia, sino el modelo de la filosofía estructural, que con el tiempo será una de las grandes escuelas de pensamiento del siglo XX. En los años treinta los autores del círculo de Praga reciben y desarrollan sus ideas y presentan su programa colectivo en las tesis en 1929 y 30.

Después del paréntesis de la guerra del 39 al 45 y de la inmediata posguerra, donde prima la figura del intelectual comprometido, y donde la fenomenología se desvía hacia el existencialismo humanista y libertario de Sartre, aparece en el 1949 la obra de Levy Strauss, que establece los principios de la etnología, siguiendo el modelo de la lingüística. Las estructuras elementales de parentesco determinan las reglas por las que las sociedades primitivas se comunican y se integran. El salto desde el estudio de la lengua a los sistemas semiológicos, que laboran sobre los individuos de forma inconsciente, prepara la formación de una filosofía donde el sujeto consciente pasa a segundo término o simplemente desaparece.

Los años sesenta son en Francia la edad de oro del estructuralismo, que sigue centrándose en el estudio del lenguaje, y prescinde de la vida consciente y del sujeto, cuya presencia estorba el juego preciso y necesario de la teoría. Siempre continuando las ideas de Saussure y cumpliendo sus anuncios de una ciencia futura, se suceden en esa década una serie de autores y de obras, que se mueven en la nueva atmósfera intelectual. Michael Foucault, Louis Althusser, Roland Barthes y Lacan, acompañan a Lévi-Strauss en su aventura, y todavía en el 67 Derrida se incorpora al debate estructuralista.

2. El descubrimiento de Saussure es tan novedoso que no sólo inaugura una nueva ciencia, pues además determina su lugar dentro de un saber general que todavía no existe, pero tiene derecho existir. Saussure da nombre a esa posible ciencia –la semiología– y determina que su objeto es el estudio de los signos dentro de la vida social así como las leyes que los regulan. A la semiología pertenecen «la escritura, el alfabeto de los sordomudos, los ritos simbólicos, las formas de cortesía, las señales militares, &c.» La lengua es el más importante de estos sistemas de signos, y su estudio pero la lingüística es el primero en aparecer en la historia.

Ya desde ahora la semiología y el estudio de la dimensión social del lenguaje aparecen unidas, y cada una de ellas proporciona a su compañera su estatuto científico. Por una parte la posible ciencia del signo es el instrumento que permite entender la naturaleza de la lengua, además de aplicar sus principios a la lingüística y de integrarla dentro de la enciclopedia del saber. Si pensamos en los desarrollos que a lo largo de todo el siglo tendrá este conocimiento, todavía nonato, nos daremos cuenta de la genial intuición de Saussure.

Por otra parte la lingüística, y concretamente las lecciones que han dado origen al Curso devuelven con intereses a la semiología los favores recibidos. Efectivamente, gracias al estudio de la lengua, un saber que en principio es puramente posible empieza a tener una realidad bien diferente a las ciencias de la naturaleza y del espíritu, tal como se entienden a principios del siglo. Pero además ese estudio es el modelo que seguirán todas las demás ciencias del signo, hasta tal punto que pueden considerarse como variantes de la filosofía del lenguaje.

Saussure emplea en el desarrollo de su lingüística el término de sistema. Pero sus discípulos de Praga y Copenhague y sobre todo Lévi-Strauss al establecer las leyes de la etnología, abandonan esa expresión demasiada usada en ciencia y filosofía y prefieren hablar de estructura para referirse a una nueva corriente de pensamiento. Pero, dejando aparte esta cuestión, puramente nominal, se puede afirmar que el lingüista de Ginebra es indiscutiblemente el padre del estructuralismo.

3. El descubrimiento de una nueva ciencia exige la definición precisa de su objeto formal. Según Saussure, las tres fases por las que ha atravesado a lo largo de la historia el estudio de los hechos de la lengua –la gramática, la filología y la gramática comparada– «no han llegado a constituir una ciencia lingüística, ni se han ocupado de determinar la naturaleza de su objeto». No se trata desde luego de la totalidad del lenguaje, una masa confusa que se puede abordar desde muchos puntos de vista, sino de aquella parte esencial, que lo define frente a toda otra realidad.

En este punto Saussure introduce su primera y fundamental división dual entre los componentes del lenguaje : la lengua y la palabra. La palabra es su momento individual, subjetivo y contingente, y por su carácter mutable no puede ser objeto de ciencia. Esta puesta en paréntesis del sujeto y su desaparición –su muerte teórica– va a tener consecuencias incalculables, pues representa, según Lévi-Strauss, el giro copernicano en las ciencias humanas, que cada vez más abarcarán todo el universo semiológico.

La lengua, el otro componente de la dicotomía, representa el momento social y consiste en un código que los individuos reciben de la comunidad histórica en la que viven de una forma totalmente pasiva, desde que en la infancia se hereda. «Es la parte social del lenguaje; que sólo existe en virtud de una rígida convención colectiva, y por consiguiente es externo al individuo, que por sí solo no puede crearla ni modificarla.» Así que es a la vez causa y efecto de la existencia de una sociedad, que la constituye en cada momento de la historia y en cada comunidad el objeto un fenómeno invariable.

Por lo demás los sujetos, además de no poder alterar ese código, lo utilizan de forma inconsciente. No sólo al dominar la propia lengua, sino en el mismo acto de hablar, no nos damos cuenta de las reglas de comunicación y de las palabras que en cada caso utilizamos. Así que la desaparición del individuo conlleva necesariamente la de la misma consciencia, y la definitiva objetividad de la lengua, y por extensión la de todo posible sistema de signos.

4. Saussure da un nuevo paso y somete a crítica toda la teoría clásica, que parece inspirada en el mito del Génesis, donde Adán da cada cosa su nombre propio. La lengua, según esto, sería una nomenclatura, «una lista de términos correspondiente a otros tantos objetos… pero esta concepción, aparte de suponer que las ideas preexisten a las palabras, supone también –lo que está muy lejos de la verdad– que el lazo entre un nombre y una cosa es una operación del todo simple».

Por oposición a esta doctrina, el signo lingüístico se descompone según el Cours en dos elementos, por una parte la imagen acústica, o dicho de una forma más simple, el sonido o su huella; por otro lado la idea que corresponde a este sonido. Oponiéndose a la teoría según la cual la primera figura de la lengua se reduce al concepto con sentido Saussure determina que sus dos elementos son inseparables. Efectivamente, hasta tal punto constituyen su esencia, que el signo desaparece, lo mismo si el sonido virtual está ausente que si no quiere decir nada.

En este punto el maestro introduce una terminología verdaderamente feliz, pues al mismo tiempo que pone claridad, elimina cualquier tentación psicologista y define el objeto formal de la lengua y su dimensión semiológica. La dualidad significante significado pronto ha sido adoptada por las distintas escuelas, y lo que es más notable, anuncia los desarrollos de la fonología y la determinación de los fonemas como unidades de significación.

Además las dos partes del signo son radicalmente distintos por naturaleza y por consiguiente el vínculo que los une es totalmente arbitrario, como lo prueba la existencia de lenguas diferentes. «Pero el término ‘arbitrario’ exige una aclaración. No queremos decir que el significante sea efecto de la libre elección de los sujetos hablantes … sólo queremos decir que es inmotivado y arbitrario con relación al significado, con el cual no mantiene en la realidad ningún lazo natural». Las escasas onomatopeyas, que varían en los diversos sistemas, no se oponen y más bien confirman este carácter convencional.

5. El código por el que los hablantes de la comunidad se comunican no consiste, aunque así lo puede hacer creer el aprendizaje infantil de un idioma, en un agregado de signos independientes, que en un segundo momento se yuxtaponen como las piezas de un mosaico. Al revés, la lengua, en cualquier sociedad y en cualquier momento de la historia, es un conjunto donde todos los elementos están correlacionados, y donde no hay nada que exista de manera absoluta. Para definir este carácter Saussure afirma, con conceptos análogos a los de la Gestalt, que «la lengua es una forma y no una sustancia».

Pronto los sucesores del lingüista traducen este concepto central por el de estructura, y precisan cada vez más la condición de las leyes de conjunto. En el caso de la lengua la estructura aparece como un sistema de diferencias, que se conserva gracias al juego mismo de estas diferencias. Más precisamente, la lengua es una realidad articulada en el sentido de que su forma gobierna y organiza todos sus elementos, determinando el lugar y el valor de cada uno.

Si el pensamiento no se articula y organiza en palabras es algo indeterminado y confuso, y si los sonidos no se conjugan con el pensamiento permanecen indiferenciados. «Tomado en sí mismo –sigue diciendo el Cours– el pensamiento es como una nebulosa, donde nada tiene una definición precisa. No existen ideas previas ni nada se distingue, antes de la aparición de la lengua».

Saussure vuelve a insistir en este carácter global de la lengua cuando introduce el concepto de valor. La lengua, igual que un sistema monetario, es un conjunto donde todos los elementos son solidarios y donde el valor de cada uno exige la presencia simultánea de los otros.

«El valor de una palabra no está fijado si sólo nos limitamos a cambiarla con esta o aquella idea, dándole uno u otro sentido. Se precisa además compararla con otras palabras con valores semejantes que se puedan oponer. Su contenido está totalmente determinado por el concurso de lo que está fuera de ella. Formando parte de un sistema, la palabra no sólo tiene un significado, sino también y sobre todo un valor.»

6. Se pueden poner en conexión estas dimensiones de la lengua adelantadas por Saussure. Todo individuo nace dentro de una sociedad, y hereda inevitablemente todas las instituciones sociales, y no tiene ningún poder para crearlas, ni siquiera para alterarlas lo más mínimo. La dicotomía de la palabra como acto individual, y la lengua, como sistema colectivo de signos es la consecuencia –por otra parte trivial– de esta condición humana.

La sociedad sólo puede existir por medio de una serie de códigos de comunicación –el más importante y modelo de todos la lengua– que impone a los sujetos individuales. Estos códigos no son un agregado de elementos, sino un sistema y una estructura, que se articula y autoregula en virtud de leyes de conjunto. Sin esta organización los sonidos por un lado y el pensamiento por otro, no serían más que un magma confuso, y ya no tendría sentido hablar del signo y de sus dos componentes.

Como la relación entre el significante y el significado es una creación social sin ningún fundamento en la naturaleza de las cosas, la lengua como sistema semiológico es una pura convención. Es una entidad ciertamente paradójica, pues por una parte se impone a cada uno de los hablantes y a la comunidad entera con una necesidad absoluta, lo mismo en su configuración en tiempo y lugar determinados que en su trasformación. Y por otro lado es totalmente anárquica al establecer la conexión entre los sonidos virtuales y su sentido.

Los sujetos reciben y utilizan la lengua de forma inconsciente. Efectivamente si fuesen conscientes del significante, quedarían atrapados en él y por efecto de su dimensión convencional no podrían pasar al significado en ausencia de todo vínculo natural. Este último carácter de la lengua va a ser decisivo cuando los filósofos estructuralistas franceses extiendan el modelo a todos los demás sistemas semiológicos y con su genio publicitario proclamen la desaparición de la consciencia, del sujeto y de su condición histórica.

7. El Cours compara el estado de la lengua en determinadas épocas y países con las posiciones de un juego de ajedrez. En cada una de ellas el valor de las piezas y su relación mutua en el tablero son indiferentes con referencia a toda la evolución previa de la partida. Análogamente Saussure puede estudiar el alemán, francés, italiano, inglés, tal como son en su actualidad, sin preocuparse de su historia y su evolución plural desde el latín y los otros idiomas madre.

Este análisis sincrónico descubre que las unidades de cada lengua no constituyen una masa amorfa, sino que son los nudos de una complejísima tela de araña. Cada uno de esos elementos pone de manifiesto la trama total y a su vez esta totalidad repercute sobre esos elementos, imponiéndoles sus leyes. Para emprender esta novísima investigación; Saussure prescinde de las categorías de la gramática clásica, y se centra en estudio de las dicciones (mots), de su composición y de la relación con las otras partes de la lengua, tanto de los componentes como del sentido y sonido de la dicción total.

«En un determinado estado de la lengua, todo consiste en relaciones… por una parte las dicciones se encadenan y establecen entre ellas relaciones fundadas sobre el carácter lineal de la lengua.» Saussure los llama sintagmas y se corresponden a una conexión por contigüidad. Limitándonos a los términos complejos (des-hacer, in-útil, in-fatigable, In-consciente-mente) aparece toda la riquísima gama de prefijos y de sufijos, de conjugaciones verbales y declinaciones.

Un sintagma representa primeramente un orden de sucesión, pero se completa con un nuevo tipo de relaciones de asociación. En este sentido «un determinado término es como el centro de una constelación, el punto en que convergen otros términos coordenados en número indefinido». Así «infatigable» evoca por una parte todos los modos y tiempos del verbo «fatigar»; por la forma de su prefijo, «inútil», »incoloro» &c.; por su sufijo «amable», «despreciable», &c.; por su sentido «tenaz», «resistente»; en fin por su forma, composición y sentido «incansable», «inagotable». Cada uno de estos casos y todos juntos evidencian el carácter estructural de un estado de la lengua.

8. Como la inmovilidad absoluta no existe, la lengua está sometida a un cambio más o menos rápido y extenso, que obedece en todos los casos a un determinado mecanismo, relativamente fácil de seguir. En primer lugar todas las lenguas evolucionan por sí mismas, arrastrando al sujeto, y anulando su consciencia y su poder para controlar esta evolución. Son por tanto alterables, pero de ninguna forma manejables. En ese sentido no tienen preciso, no tienen historia.

Además los cambios lingüísticos son puramente contingentes y accidentales y no guardan ninguna finalidad, aunque en su principio y en cada uno de sus pasos mantienen el carácter de sistema. Lo primero que cambia en ellos es un elemento aislado, capaz de crear en un plazo más o menos largo una nueva estructura. Otra vez se pueden comparar a una partida de ajedrez, donde el movimiento de una pieza en determinada posición, puede dar lugar, a veces de forma brusca, a una posición totalmente distinta.

Como muchos mecanismos bien conocidos, las lenguas tienen en su evolución acelerador y freno. La fonética es su primer gran motor: «Para hacer la historia del sonido de una dicción, se puede ignorar su sentido considerar únicamente su aspecto material, y a partir de ahí analizar sus variantes fónicas». Pero en un segundo momento, también evoluciona el significado de la dicción y las categorías gramaticales, al mismo tiempo que las formas con que se expresan. «Si nos proponemos evaluar el efecto de estos cambios (fonéticos), enseguida veremos que es ilimitado e incalculable, es decir, que no podemos prever en qué punto se detendrán».

Afortunadamente el efecto de las variaciones fonéticas, que multiplica inútilmente las irregularidades, está contrarrestado por la analogía, que tiende a normalizar el aspecto exterior de la dicción. La analogía supone un modelo que en cierta forma exige su imitación regular y corrige las desviaciones fonéticas. Según un ejemplo muy querido por el lingüista: «para contrapesar los efectos irregulares del cambio fonético (honos-honorem), la analogía ha unificado de nuevo las formas, restableciendo la regularidad (honor-honorem)». El modelo es en este caso. Órator-ora tarem.

Lévi-Strauss

1. El año 1949, cuando en Francia todavía sigue vigente la doctrina del sujeto libre y comprometido, protagonista de su existencia individual y de la historia colectiva, aparece una obra monumental, que imprime un giro radical a la ciencia y la filosofía. Las Estructuras elementales de parentesco son en principio una investigación etnológica sobre las sociedades primitivas sin historia, pero sus métodos y sus categorías pronto se trasladan a otras ciencias hasta ocupar en los años sesenta un nuevo universo de pensamiento.

Su autor, Claude Lévi-Strauss, nace en 1908, y después de licenciarse en filosofía enseña en los liceos franceses durante los años treinta. Al comenzar la segunda guerra consigue la anulación de la movilización y viaja a Estados Unidos donde da lecciones en la New School for Social Research. Estos años van a ser decisivos para definir su figura intelectual: alejado de los tormentosos conflictos europeos, completa su sosegada vida de profesor con un conocimiento profundo de la antropología cultural norteamericana.

En América conoce a Jacobson, una de las personalidades más eminentes de la escuela de Praga, que aplica a la lingüística los principios de Saussure, en particular el paso de los fenómenos conscientes (la parole) a su infraestructura inconsciente (la langue). Además, en vez de considerar los elementos de la lengua como entidades independientes, se ocupa de sus relaciones recíprocas, y sobre todo introduce el concepto de sistema y estudia las leyes generales por las que el conjunto gobierna sus partes.

Lévi-Strauss comprueba que los principios que de forma confusa aplica a la etnología son los mismos con los que Jacobson y sus compañeros de escuela definen clara y distintamente el carácter de la lengua: «Me di cuenta de que cuanto él decía del lenguaje correspondía a lo que yo descubría oscuramente a propósito de los sistemas de parentesco, de las reglas de matrimonio, y más generalmente de la vida en sociedad». El filósofo francés –igual que el personaje de Moliere, que hablaba en prosa sin saberlo– «Era ya en aquella época un estructuralista ingenuo».

2. El contenido de las Estructuras de parentesco –más amplio de cuanto expresa su título– es la primera muestra de que en las sociedades primitivas todo esta correlacionado, lo mismo que en cualquier código lingüístico. La obra estudia los sistemas de comunicación social por medio de un intercambio de mujeres en una alianza exogámica, la correspondiente circulación de riquezas entre los distintos grupos, las clasificaciones totémicas y las reglas que prohíben o por el contrario imponen determinados alimentos.

Lévi-Strauss es en 1954 profesor de antropología social del College de France, y durante los años cincuenta publica en revistas de Norteamérica y Francia una serie de artículos, que después reúne en su Antropología estructural. En ellos prolonga los estudios de la etnología sobre el modelo de la ciencia del lenguaje, insistiendo en el análisis de la estructura de las sociedades primitivas y de las organizaciones dualistas.

Los capítulos iniciales de El pensamiento salvaje (1962) descubren, la lógica de las clasificaciones totémicas, los sistemas de trasformaciones, y la oposición de la exogamia totémica y la casta. El filósofo y científico va definiendo indirectamente su concepción del saber a través de la aplicación de su método en estas obras.

El artículo sobre el estudio estructural de los mitos, publicado en la Antropología, abre una segunda línea de pensamiento, representada en los años sesenta por los cuatro libros de las Mythologiques: Lo crudo y lo cocido (1964); De la miel a las cenizas (1966); El origen de las buenas maneras en la mesa (1968) y El hombre desnudo (1971). Los mitos, igual que los fonemas en la lengua son los nudos de una red de relaciones, y forman grupos lógicos de trasformación, y códigos que en su traducción mutua descubren una invariante fundamental.

Lévi-Strauss en el tercer conjunto de escritos se revela, por su condición de etnólogo, como un apasionado admirador y defensor de las civilizaciones primitivas, que son el modelo de una humanidad virgen y más pura y la negación de la alienada y desnaturalizada. sociedad occidental . Esta apología del buen salvaje y esta acusación de canibalismo intelectual aparece en Tristes trópicos (1955 ) y en La mirada desde lejos (1983).

3. A lo largo de su obra, Lévi-Strauss suprime, a través de una enérgica acción de limpieza todos los conceptos que pueden impedir o estorbar el desarrollo necesario de la etnología, y en primer lugar la libertad: «La filosofía tradicional –dice en una de sus conversaciones– es una investigación que se plantea el problema de saber en qué sentido la mente humana es libre… mientras que en cambio yo intento establecer, partiendo de la etnología, las leyes por las que la mente humana no es libre… el espíritu humano está sometido, hasta en sus manifestaciones en apariencia más libres, a un riguroso determinismo».

La consciencia –que desde Descartes hasta la fenomenología es el punto de partida de la filosofía moderna– tiene que desaparecer, porque es el enemigo disfrazado de las ciencias del hombre. Los antropólogos, igual que los lingüistas, no pueden atenerse a los datos inmediatos de consciencia, sino retroceder hasta las estructuras donde la misma subjetividad es conocida objetivamente. Su labor no consiste en describir al hombre y a su mundo, sino más precisamente en disolverlo.

La tercera víctima de esta limpieza es la historia, pues en la medida en que las sociedades humanas se desarrollan en el tiempo, ya no tienen sujetos individuales o colectivos, que dominen su acción de forma libre y consciente. La consideración diacrónica de los acontecimientos puramente accidentales, privados de toda finalidad, independientes de los hombre, sirve para separar las constantes estructurales de sus elementos. De esta forma el objeto inmediato de la historia no es la comprensión de sus momentos individuales, sino el descubrimiento de las estructuras universales en que esos momentos están integrados.

En fin, Lévi-Strauss piensa que la misma filosofía sólo tiene sentido si se subordina a la ciencia: «Sartre piensa que es la filosofía la que tiene jurisdicción sobre la ciencia, mientras que yo creo que es a la inversa, la ciencia la que tiene dominio sobre la filosofía». En otra conversación afirma que la filosofía plantea en principio una serie de problemas, que con el desarrollo de la historia pasan a ser competencia de la ciencia. En resumen, según la definición de Ricoeur, ya convertida en lugar común, el pensamiento del etnólogo, y por extensión el de los demás estructuralistas, es, por la eliminación de la libertad, de la consciencia y de la historia «un kantismo sin sujeto trascendental».

4. Lévi-Strauss toma como modelo de su primera gran obra sobre los sistemas de parentesco que por otra parte representa el salto desde la lingüística a la etnología la obra de Saussure y la escuela de Praga. La operación es relativamente fácil, pues sólo supone intercambiar en vez de palabras mujeres en la más elemental convención cultural, la alianza exogámica. Por lo demás este cambio se acompaña de una comunicación de riquezas y de alimentos entre los distintos grupos totémicos siempre en busca de una integración de los primitivos.

La labor del etnólogo consiste en poner orden en el aparente caos de esas sociedades, demostrando que las reglas de intercambio se pueden reducir a diagramas geométricos, organizados de acuerdo con un sabio principio, el de «casarse fuera para no ser matados fuera». Sucede lo mismo cuando una lengua extraña aparece a quien la oye por vez es una sucesión disparatada de sonidos, antes de que los lingüistas descubran el código por el que se ordenan y se relacionan.

Los códigos de alianzas son comparables a las reglas de cambio de bienes en un sistema económico. Las sociedades primeras practican el intercambio restringido, semejante al comercio más elemental, la permuta. Cuando se abandona esta estructura, la más pobre y al mismo tiempo la más segura, surgen dos variantes: el intercambio discontinuo, asimilable a una compraventa al contado, y el intercambio generalizado, comparable con una operación a crédito a plazo más o menos largo. Los desarrollos de la etnología del científico francés son tan claros y tan definitivos, que representan la entrada en escena, no sólo de un nuevo saber, sino del grupo de las ciencias, del hombre o del signo.

Lévi-Strauss toma el material de su estudio de las experiencias de campo que él mismo ha practicado en Brasil, y después en América del Norte y en Paquistán. Conoce también los análisis de sus compañeros en Australia y la India, donde las sociedades primitivas son tan innumerables como diversas. Pero por medio de todos estos datos convierte a la etnología en una ciencia, donde cada una de las alianzas es el punto de conexión de una red de relaciones, y donde los elementos existen en función de la estructura.

5. Todos estos sistemas de intercambio funcionan como códigos de comunicación de sus elementos, pero por debajo de ellos Lévi-Strauss descubre un código de validez universal, la regla cultural por excelencia, que ha llegado hasta nosotros en su formulación negativa como prohibición del incesto. Como todos los intentos de explicación de este tabú que «desde la noche de los tiempos está rodeado de una aureola de terror reverente» han fracasado, el etnólogo se plantea desde el principio el problema, y estima que su solución será una demostración de la superioridad científica del método estructuralista.

Las teorías con que se ha intentar justificar esta prohibición –la preocupación eugenética, los sentimientos naturales entre hermanos, el miedo a la sangre menstrual del propio clan totémico– son totalmente insuficientes. Ni los primitivos tienen particulares conocimientos biológicos, ni la «voz de la sangre» fraternal se escucha antes de que la relación de parentesco es conocida, ni un acontecimiento histórico es capaz de dar razón de una ley general.

En este punto Lévi-Strauss da la vuelta a la cuestión y la enfoca desde el punto de vista positivo: la prohibición del incesto equivale a la regla de imposición de la exogamia entre familias y clanes diferentes. Esta ley, como tal ley, pertenece al dominio de la cultura, pero a la vez es un fenómeno universal y en este sentido acompaña a la naturaleza del hombre. Esta conjunción entre dos caracteres, aparentemente contradictorios sólo se puede salvar si existe una institución, que permita el paso desde la naturaleza a la cultura y la correspondiente hominización.

Sólo la alianza cumple esta difícil condición. Por una parte la naturaleza impone el emparejamiento, sin determinar sus modalidades, que en principio quedan entregadas al azar. Pero la cultura llena este vacío por medio de una estructura que responde a su exigencia de asegurar la existencia del grupo. Esta alianza exogámica es más necesaria en los grupos más elementales y pobres, pero cumple cumple en todas las sociedades, incluso las más evolucionadas su función de integración y de comunicación.

6. Lévi-Strauss consigue descifrar, mediante el análisis estructural el código con el que se integran las sociedades más pobres y elementales de Australia y la India, y su logro es tanto más espectacular cuanto que las alianzas de estos grupos muestran a primera vista un universo caótico difícilmente ordenable según reglas lógicas. Sin embargo el etnólogo francés demuestra que en los sistemas de intercambio restringido. la comunicación de las dos mitades es máxima, y afecta al linaje, al lugar de residencia de la horda y a la misma familia, mediante la alianza entre los primos cruzados bilaterales. En estos destinos matrimoniales la hija del hermano de la madre es a la vez hija de la hermana del padre.

Lo mismo en el este que en el oeste de Australia hay un sistema que distribuye a un grupo en cuatro secciones (Banaka, Burung, Karimera y Payeri). Una regla de alianza determina que Banaka y Burung por una parte y Karimera y Palyeri por otra intercambian las mujeres formando dos mitades tribales fuertemente integradas. Las reglas de descendencia son a primera vista disparatadas, antes de que los etnólogos descubran el orden perfecto de integración de la sociedad. Representando (con permiso de las feministas) a los varones y mujeres con mayúsculas y minúsculas, y a los hijos (e hijas) con una primera letra capital, resulta: BANAKA == burung – Palyeri, BURUNG == banaka – Karimera, KARIMERA = palyeri – Burung, PALYERI == karimera – Banaka.

Lévi-Strauss demuestra que la estructura subyacente a este aparente galimatías es de una suma sencillez y se reduce a una sola regla, según la cual la filiación es matrilineal y patrilocal, dando lugar a cuatro variaciones y haciendo que la permuta entre mujeres quede subrayada por el intercambio de linaje y de destino. La estructura que sirve de código de comunicación se puede figurar por un esquema algebraico y por el correspondiente diagrama geométrico. Siendo A y B las hordas, x e y los apellidos, las anteriores reglas de alianza y filiación se pueden traducir así: Ax === By → Ay; By === Ax → Bx; Ay === Bx → Ax; Bx === Ay → By.

7. La reglas de alianza de los kariera presentan el intercambio restringido en su versión más simple. La estructura de los aranda es más compleja, pues manteniendo la filiación matrilineal y patrilocal, relaciona dos apellidos con cuatro lugares de residencia. Traducidas las formas de alianza a la para Levy Strauss,, es como si dos familias, obligadas por la ley de exogamia a practicar el intermatrimonio, se trasladasen después de su unión a una de las cuatro ciudades donde vive el padre, con el feliz resultado de hermanar linajes y ciudades.

Los Mara de Australia tienen también parecida complejidad y su estructura termina siendo prácticamente la misma. Este sistema mantiene dos, mitades cada una con dos, secciones (Murungun, P y Mumbali, Q frente a Pardal, R y Kurial, S) y cada hombre, en virtud de la ley de exogamia no se puede casar en su división, ni en la alterna de su mitad, pero tampoco –esto es la novedad– en la división de su madre. De esta forma, cada una de las cuatro secciones se divide en dos, por la existencia de destinos matrimoniales diferentes (Pa, Pd, Qa, Qd, Rb, Rc, Sb y Sc).

Al ser la filiación patrilineal y patrilocal las sucesivas alianzas forman un ciclo y siguen un sistema semejante al de los Aranda. La estructura de las dos sociedades obedece al mismo patrón algebraico, aunque lo que se puede llamar su gramática, sigue leyes diferentes. Todavía es más notable el caso de los Munda de la India. que a partir de un sistema de intercambio distinto llegan a resultados muy parecidos.

En todos estos casos, que son sólo una muestra del intercambio restringido en su versión más elemental o más compleja, la simetría del sistema y la «justicia» del cambio, pueden hacer creer, que una vez descifrado el código de comunicación y de integración, el estudio de las estructuras es sumamente sencillo y no presentará más variaciones. Pero Levy Strauss descodifica dos sistemas mucho más complicados, el primero de los cuales gana en extensión lo que pierde en regularidad.

8. Lévi-Strauss descubre una nueva estructura que rompe el equilibrio feliz y permanente del intercambio restringido en busca de nuevos niveles de integración, menos fuertes, pero mucho más extensos. Los sistemas de intercambio generalizado abandonan el matrimonio entre primos cruzados bilaterales, pues su modelo de alianza se establece con la hija del hermano de la madre. Ese personaje, que define el destino matrimonial de los componentes del clan familiar, merece por su papel central el nombre de divino (theios o tío).

El intercambio generalizado, según esto, actúa en un solo sentido. En su fórmula más simple es una operación a plazo entre tres grupos: A cede una hija o una hermana a B, que a su vez es deudor de C, que cierra el ciclo donando mujeres a A. En principio los grupos pueden ser muchos más, un múltiplo de tres o teóricamente una cantidad indefinida, bien entendido que al aumentar su extensión, disminuye paralelamente su cohesión social.

Este sistema de intercambio se fundamenta en la igualdad, pues supone que una mujer tiene el mismo valor en cada uno de los nudos del ciclo. Pero además, como toda operación a crédito, exige por parte de cada grupo la confianza de que a la larga la mujer recibida compensará a la inicialmente entregada. Por otra parte el sistema proporciona a todos los grupos una ganancia, en la medida en que su integración en una sola unidad les permite vivir de una forma más amplia y más rica al revés de lo que sucede en el intercambio restringido que mantiene la separación entre las dos mitades.

Pero, como sucede casi irremisiblemente en toda especulación, el intercambio generalizado es una fuente de desigualdad, sobre todo en sistemas más amplios. El derecho a corto plazo sobre las mujeres del grupo inmediatamente donador da lugar a la poligamia, y de forma semejante. la creación, e. g., de un ciclo terciario en una estructura de cinco por parte de linajes emprendedores, y la preferencia de ciertas alianzas, conducen igualmente a la anisogamia, al matrimonio con mujeres de distinto status social.

9. El sistema de intercambio generalizado está ampliamente distribuido y estudiado en el Asia meridional, donde presenta las dos variantes, según se trate de un ciclo único o de la aparición de otros secundarios, con los efectos de poligamia o de anisogamia. Los Chiru se organizan en cinco grupos patrilineales y exogámicos, potencian el matrimonio con la prima matrimonial, y sobre todo prohíben la alianza con la hija de la hermana del padre, que rompe la única dirección del movimiento y la integración de todos los grupos en una sola sociedad.

En este caso la amplitud del ciclo (A→ B→C→D→E→A) es a la larga causa de la desigualdad entre los cinco grupos. El superior (Damla) se considera jefe el pueblo, mientras que los Rezar nombran el segundo jefe y los tres restantes son iguales en valor. Los Thao que prohíben el matrimonio entre primos, mantienen sin embargo la asimetría el del sistema de intercambio generalizado en forma de prestaciones y contraprestaciones. Los miembros de las «familias que sacrifican búfalos» se casan con hijas de «familias que sacrifican marranas», pero casi nunca se produce el caso inverso.

En otros casos la estructura de cinco grupos se enriquece con ciclos terciarios internos, que mantienen siempre la misma dirección, prohibiendo la alianza patrimonial y permitiendo únicamente y exigiendo la matrimonial. En este caso –el modelo parece ser el ciclo feudal del matrimonio katchin– cada grupo es donador de mujeres de dos y a su vez recibe mujeres también de dos. La existencia de ciclos cortos dentro de uno más amplio tiende a asegurar la igualdad entre todos los componentes de la estructura.

El modelo de los Chawte presenta dos círculos secundarios terciarios dentro de un círculo cuaternario y permite entrever las posibles consecuencias aristocráticas del intercambio generalizado. Dos de los cuatro grupos (Marem y Makhan) reciben mujeres de uno solo de los otros. En cambio Irung y Kiang son receptores de dos y solo donadores de uno.

10. Los dos sistemas de alianza trabajan a favor de una comunicación y una integración, o más fuerte en el cambio restringido, o más amplia y abierta en el generalizado, y esto explica su frecuencia en el área de estudio –Australia y Asia Oriental– de los sociedades primitivas. En cambio la tercera estructura, matrimonio con la hija de la hermana del padre, sólo está presente en unos pocos grupos de la India, y eso obliga a analizar además de su estructura, la razón de su existencia y de su escasa virtualidad.

Se había comparado el intercambio restringido con la más elemental y segura permuta, donde se recibe inmediatamente un valor igual al que se da, y el intercambio generalizado con una operación especulativa a crédito con todo lo que tiene de riqueza y de peligro. Este tercer tipo de alianza se parece sobre todo a un pago al contado, que se cierra sobre sí misma, interrumpiendo la marcha de un sistema y aislándose del entramado social. Se parece a las piezas con que se compone un mosaico y Lévi-Strauss lo llama con mucha propiedad intercambio discontinuo.

La estructura es sumamente sencilla, y consiste en recuperar en la generación siguiente lo que se ha entregado en la actual. Cuando el padre hace donación de una hermana, esta alianza significa una pérdida, pero en la medida en que el matrimonio proporciona al hijo una esposa, el grupo adquiere una ganancia equivalente. Queda así asegurada la solidaridad de los grupos familiares, pero se rompe la unión con el conjunto del grupo social.

Esta falta de compromiso con la totalidad es la causa de que el sistema de intercambio en circuitos que continuamente se cierran y se repiten sea el código al que raramente acude la sabia inconsciencia de los pueblos primitivos. Las experiencias en el sur de la India y las provincias centrales ofrecen unos resultados suficientemente expresivos.

Sobre cuarenta y dos grupos que practican el matrimonio entre primos cruzados todos tienen preferencia por la hija del hermano de la madre con excepción de siete siete bilaterales y nada más que tres patrilaterales.

11. Lévi-Strauss dedica las últimas páginas de las «estructuras» a presentar la crisis del sistema de intercambio generalizado y las diversas soluciones, que van desde el retroceso a códigos más elementales, hasta el paso a la forma moderna del matrimonio. Efectivamente, a medida que aumenta la desigualdad entre dos nudos de la cadena, por efecto del alargamiento del ciclo principal y de la formación de ciclos secundarios es casi inevitable que un grupo privilegiado renuncie a donar sus mujeres a un linaje de más baja condición, con lo cual la entera estructura se rompe.

La primera solución es el retroceso a sistemas más elementales y seguros, concretamente, al intercambio restringido. En un ciclo cuaternario A→B→C→D la interrupción de la relación entre los dos extremos conduce con mucha facilidad a la formación de dos mitades, A y B por una parte, C y D por la otra con lo que aparece una estructura dualista lo mismo en el modelo más simple o más complejo, tipos Kariera o Aranda.

La segunda solución, localizada geográficamente en la India, es mucho más novedosa. Como la exogamia en su versión más ambiciosa ha fracasado, los hombres toman a las mujeres en matrimonio dentro del propio grupo, dando lugar al sistema de castas. Las abismales diferencias que hay entre los cuatro grupos y sobre todo entre los dos extremos de brahmanes y parias convierte en algo casi imposible el abandono de la endogamia y sobre todo la vuelta al sistema de intercambio generalizado.

La tercera solución, la que según Lévi-Strauss da origen al matrimonio moderno, procede también de la India y está documentada en el Mahabarata. Según el matrimonio Swayamvara un personaje –o un grupo– que ocupa un rango social elevado tiene el privilegio de dar a su hija a cualquier individuo, sea cual sea su status, que haya cumplido un hecho extraordinario, o que haya sido libremente elegido por ella. Inevitablemente pensamos en los cuentos donde la princesa está encerrada en su palacio en espera del héroe que la salve, porque en medio de la crisis del intercambio generalizado la hija del rey tiene prohibido cualquier posible marido, si se mantiene el sistema y no se acude a esa fórmula salvadora.

12. El análisis de la estructuras elementales de las alianzas es la obra que de una forma más simple permite el paso desde la lingüística a la etnología y de forma indirecta a todas las ciencias del signo. En su corto ensayo sobre la antropología estructural Lévi-Strauss invierte en cierta forma el método, pues se esfuerza en descubrir las categorías por las que el fenómeno etnológico del mito pertenece a la lengua.

La aplicación de los métodos clásicos tiene dos efectos indeseables. Por una parte los etnólogos desconocedores de la semiología describen el contenido de todos los mitos en forma de un panorama caótico, es adornado con el lenguaje alegórico de la imaginación. Pero además no tratan el universo de los mitos como una lengua, sino como un conjunto de acontecimientos, y en consecuencia su preocupación central es encontrar la versión auténtica y primera de la que dependen todas las demás.

Lévi-Strauss no estudia primero y principalmente el contenido de los mitos, sino la forma plural en que se expresan, eso que siguiendo la terminología de la escuela lingüística llama «mitema». Todas las variantes de esa forma tienen el mismo valor, o lo que es igual, un mitema se compone del conjunto de sus variantes. «No existe versión ‘verdadera’ de la que todas las demás serían copias o ecos deformados, porque todas las versiones pertenecen al mito.»

Resulta entonces que esta nueva entidad es por su forma la más compleja de la lengua, y consiste en un haz de relación cuando se analiza desde el punto de vista estructural. En fin, la obra entera de Lévi-Strauss, lo mismo cuando estudia los sistemas de comunicación por medio de la alianza, que cuando analiza los mitos, sigue el modelo del estudio de la lengua.

Notas:

Fuente:  http://www.nodulo.org/ec/2012/n119p08.htm

El Catoblepas
número 119
enero 2012
página 8

ESPAÑA.  31 de marzo de 2012

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