La fe

Toda creencia termina en un credo al absurdo.

La vida y la fe han de fundirse, Ibsen

Afirma Umberto Eco, apreciada señora Deándar [Cartas a Ninfa Deándar] que en los conflictos de la fe (Libro: En que creen los que no creen, 1997) deberán prevalecer la caridad y la prudencia, idea que recoge el pensamiento de San Agustín:

“En lo cierto, unidad, en lo dudoso libertad, y en todo caridad”…

Hoy, deseo plantearle un problema que está presente en la mayor parte de los seres humanos, el problema de la fe en su sentido religioso: “la primera de las tres virtudes teologales, por la que sin ver se cree en Dios y lo que ha revelado. Veamos:

1. En un viejo ensayo titulado, así, “La fe” (1900) Miguel de Unamuno afirma que la fe no es creer lo que no vimos, sino “crear lo que no vemos”… apartado del enfoque religioso y extrapolando lo que de consuno es teológico, a lo meramente existencial, apunta que “crear lo que no vemos, sí, crearlo y vivirlo, y consumirlo y volverlo a crear y consumirlo de nuevo viviéndolo otra vez, para otra vez crearlo; en interesante tormento vital… Esto es fe viva, porque la vida es continua creación y consunción continua, y, por tanto, muerte incesante”.

2. El hombre de fe de nuestro tiempo, diferente al de los primeros siglos del cristianismo cuando la fe viva de una unidad profunda, es sustituida, según Unamuno, por la gnosis -el conocimiento-, la creencia y no propiamente la fe; la doctrina y no la esperanza “convirtiéndose los fines prácticos religiosos en principios teórico filosóficos, y la religión en una metafísica que se supuso revelada”.

También dice Unamuno que poco a poco fue surgiendo el credo que como símbolo de la fe fue el espíritu de la gnosis (el conocimiento absoluto e intuitivo de la Divinidad ), el triunfo del gnosticismo ortodoxo, nacido de una lenta adaptación de los primeros siglos del cristianismo.

A partir del credo la fe fue para muchos creer lo que no vieron, adherirse a fórmulas: “confiar en el reino de la vida eterna, creer lo que no veían”.

3. Unamuno es enfático, señora, cuando dice que el sencillo, luminoso Evangelio fue ahogado por sombrías concepciones medievales y entonces “el anacoreta tuvo que retirarse a su propio espíritu, para poder desde su recogimiento, derramarse en la vida común y vivir con la vida de todos, “porque sólo de obras de amor con el prójimo se nutre el amor de Dios”… ¿Fe cristiana, qué es? Consiste en que el Cristo del Evangelio, y no el de la teología, se nos presente y nos lleva a sí, el Dios vivo, cordial, sobrerracional, el Dios del imperativo religioso, no el concepto abstracto construido por los teólogos: “Dios en nuestro espíritu, es espíritu y no idea, amor y no dogma, vida y no lógica”.

4. Unamuno nos coloca en su ensayo sobre la fe, en el entendimiento de que “todo lo que no sea entrega del corazón a la confianza de vida, no es fe, aunque sea creencia”.

Añade que toda creencia termina en un “credo al absurdo” o en la terrible fe del carbonero… “Terrible la fe del carbonero, porque ¿a qué viene a reducirse la fe del carbonero? -¿Qué crees? -Lo que cree y enseña nuestra Santa Madre la Iglesia …. Y ¿qué cree y enseña nuestra Santa Madre la Iglesia ?... -Lo que yo creo”.

Dice Unamuno que “semejante fe no es más que un acto de sumisión a una potencia terrenal, una mundanización de la fe; no es confianza en Dios, sino sumisión a un instituto jerárquico y jurídico (…) Si la fe es sincera se vive sencillamente, nos utiliza, ignora el dogma… El que tiene fe, tiene su fe, la suya”.

5. La fe, según Unamuno “es ante todo, sinceridad, tolerancia, misericordia”… ¡Sinceridad!, un anhelo de desnudarse el alma, de decir la verdad siempre… ¡Tolerancia!, hija de la convicción de que no hay ideas buenas y malas; de que son las intenciones, la fe, y no las doctrinas, no el dogma, lo que justifica los actos humanos… ¡Misericordia!, entendible como que la caridad no es cosa distinta de la fe, es una forma de ésta, una expansión de la confianza en el hombre.

En medio de las incertidumbres que se viven, es bueno acogerse no a la fe del carbonero, pero sí a la fe racional, que nos lleve como lo plantea Umberto Eco a quien cité al principio, y como Unamuno lo pensó, a tener fe; sobre todo en la fe misma “porque si los amadores cobraron tanta fuerza del amor al amor mismo, no menos la cobran los fieles de la fe en la fe misma; de la confianza en el poder de la confianza misma… No obstante lo expuesto, a pesar de su fe, por la evolución de su pensamiento que lo hacía vacilar entre la creencia de la inmortalidad del alma y el escepticismo, Unamuno “fue uno de los hombres menos felices de su tiempo”… como siempre, estimada señora, un cordial saludo, ¡hasta muy pronto!

Notas:

Fuente: http://www.elmanana.com.mx/notas.asp?id=113282

Nuevo Laredo, Tamaulipas, Mexico. Viernes, 03 de Abril de 2009

Hay 0 comentarios

Deja tu comentario


¿Eres humano o robot?, escribe el código de arriba: